Juegan. Se entretienen. Se escapan. Lo que sea menos hablarse a la cara. Contarse cosas, desde adentro. Preguntarse por lo propio. Interesarse por lo ajeno. De verdad. Poner el cuerpo y la cabeza al servicio. Presente.
No. Mejor jugar. Es más seguro. Más fácil. Entretenido. Divertido. Lo del otro aburre. Lo de uno… ¿Qué es? Y ¿para qué?
Dura ya minutos, y una hora, y otra. Varias. Jugando. De un entretenimiento a otro. Sin preguntarnos nada, sin hablar siquiera de algo. Nada real aparte del juego, de comer, beber, ir al baño. Y vuelta al tablero.
Yo ya no puedo más. Jugar tanto me aburre. Me desespera. Me angustia. Esta distancia, me angustia. Esta huida constante, me asfixia. Si tengo que seguir jugando para encajar elijo desencajarme, salirme, escaparme yo también a lo mío y descansar ahí.
Ya no puedo jugar más y veo como entro en el juicio y desde ahí mi vista se nubla, mi sentir se empaña, mi ser se enajena. Estoy envenenada de veneno mío.
Necesito salir. Ahora soy yo la que precisa escaparse. Huír.
Entonces vengo aquí y escribo, me expreso y así me libero un poco, algo. Y cuando cambian de juego una vez más digo que no me uno, que ya no tengo más ganas de jugar, que lo disfruten. Y me doy permiso para levantarme, buscar mi cuaderno, mi libro, mi música, sentarme a respirar, reencontrarme, encontrar mi centro y descansar… Lo hace los más mayores. Lo hacen los más pequeños. ¿Y yo? ¿Por qué no lo hago yo?
Descansar en mí con lo mío y dejar que el otro, que ellos, se entreguen a lo suyo. Está bien así. Lo suyo está bien. Lo mío también. Ni lo suyo es una mierda ni lo mío es inadecuado. Dejarlos en paz a ellos y dejarme tranquila a mí.
Sí sé disfrutar, sí soy capaz de divertirme, sí me gusta jugar y habita la alegría en mí. Sí. Sólo que tengo otras maneras de mostrarla. Mis maneras. Que tienen que ver con mi historia, con mi contexto. Cada persona tenemos los nuestros. Es imposible, innecesario, insalubre encajar en todos, o hacerlo siempre.
Elijo no encajar siempre o en todo. Elijo adaptarme a veces, por respeto y por amor. Elijo no hacer nada por encima de mí. Elijo escucharme, atenderme, observarme, dialogar conmigo y bientratarme, tratando bien también a los demás.
Esto no es una contienda donde tiene que ganar uno y solo uno. Aquí hay espacio para todas las visiones. La suya y la mía. Es así. Lo veo. Lo comprendo. Lo dejo estar. Lo suelto.
Respiro profundo.
Descanso.

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