¡Qué grande eres, mujer, envuelta como vas siempre en tu infinito y bendito manto de divina vulnerabilidad!
El camino se pone duro, intrincado, y tú sacas una pizca de humor, cuarto y mitad de comprensión, toneladas de escucha, y lo allanas un tramo. Así, tú sola. Y parece que no fue nada pero tú y yo sabemos lo que todo eso cuesta.
Un día te lavas el pelo, o te lo cortas, o te lo recoges con flores, o te colocas un turbante, te pintas los labios de rosa, o de rojo, te pones unos pendientes enormes y sales a la vida para danzarla a tu estilo.
Te la respiras a sorbos. La saboreas a bocanadas. Te la llevas puesta porque te queda que ni pintada, aunque hay días que te venga grande y otros que te aprieta en exceso.
Pero es tuya y ves que te da para sacarle un poquito de aquí, meterle un centímetro de allá, agregarle color, quitarle brillo, dejarla ser y reposar en ella para que se torne más fácil, para que duela menos, para verla tan hermosa como en realidad es, tan bella como en realidad eres tú, arriba y abajo, adentro y afuera, en los cuatro puntos cardinales. Genuina. Imperfecta. Misteriosa.
¡Qué inagotable manantial de amor y alegría riega y perfora tu caminar, tu voz, tu risa cálida, tus serenos movimientos!
Entras a la cocina, al dormitorio, a la sala, abres puertas y cajones. Ventilas, saneas, inventas. Unes esto con lo otro sin patrón alguno, sin seguir receta, escuchando a tu instinto, siguiendo a tu brújula, con cariño, con paciencia. Y así haces magia. En el bastidor, con la pluma, con la aguja, en los fogones.
Tienes tiempo porque tienes ganas. Ganas de ser, de aprender, de compartir. Ganas de hacerte preguntas que te conduzcan a nuevas y fascinantes respuestas. Ganas de ver más allá, de crecer, de callar, de decir no, de bailar más. Y más. Y aún más.
Los años se vuelven aliados, como los kilos, y las arrugas, amigas íntimas, como las canas, destellos de luz constantes. La piel pierde tersura, sí, y gana flexibilidad y fortaleza. Conoce caminos que llevan a lugares recónditos y desconocidos, ilusionantes, a los que siempre quieres volver. Sola. Con alguien. Contigo. Tuya es la casa. Tú tienes la llave. Dejas pasar o declinas visitas. Otro de tus poderes.
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Mujer.

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