No sé qué hacer con esto que me está pasando, que me recorre de punta a punta y por momentos parece que se desborda, que lo va a anegar todo, destrozando lo que encuentre a su paso…
Pero no. No llega la inundación. Termino conteniéndolo. Lo amordazo, un poco solo. Lo justo para calmarlo, para que deje de hacer ruido. Para que me deje tranquila. Un minuto al menos.
No lo asfixio, no, me asfixia a mí a ratos con su machacona insistencia. Porque cuanto más se empeña, más me resisto yo. Hasta que me canso, hasta que ya no puedo sostenerme más.
Entonces alcanzo un lugar en el que me rindo y ahí, tirada en el suelo ya, agotada, vislumbro cierto halo de verdad incuestionable que lo llena todo. Una luz. Tenue. Cálida. Delicada.
Cuando toco ese lugar mío vulnerable, mezclada con la tierra, con el barro, con las hojas secas y los restos de agua; cuando me codeo con los desperdicios, con lo que nadie quiere ya, con la frialdad y la calidez terrenas… Entonces comprendo.
Eso que me sucede y que me recorre de lado a lado se llama Vida. Y es real. Existe. Tiene un sendero marcado y ritmo propio. Respira. Late. Se expande y se contrae. Tiene hambre. Tiene sed. Se cansa. Desea. Siente. Y pide lo que necesita. Y si no lo obtiene, lo busca. Se lanza a la selva y olfatea, guerrea, desgarra si hace falta, se sacia y luego descansa.
No parará nunca. No parará hasta que logre lo que persigue. Todo el tiempo. En cada momento. Esta fiera salvaje que me habita no se va a rendir ni me va a permitir rendirme. Siento su gruñido en la garganta y su latido en el vientre.
Me lame las heridas, me consuela y me protege. Permanece alerta. Confía en lo que siente, cree en lo que percibe. Me ofrece un tramo de tregua y de nuevo se alza poderosa y me eleva con ella.
Voy enterándome ya de esto que me está pasando. Comienzo a comprender que no soy solo yo, somos dos en esta una que se mira en el espejo. Que no era miedo, no, era extrañeza por no poder reconocer lo que es mío y que estaba rechazando.
Se calma. Agacha la cabeza. Reposa en mí. Se duerme. Le velo el sueño. Estamos juntas. Me siento plena. Completa. Juntas somos yo.

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