El día que D. ingresó en el hospital tan grave (para terminar muriéndose allí aquella noche), la ciudad estaba en plena celebración. Cuando pasábamos conduciendo por el recinto ferial a mí, medio zombi como iba, me resultaba surrealista que tantas personas estuvieran de fiesta cuando algunos andábamos angustiados, sufriendo, incluso entre la vida y la muerte.
Y sin embargo, así es la Vida. Todo está sucediendo a la vez. La diversión y el dolor. La alegría y la tristeza. El comienzo y el final…
Desde entonces, cuando me siento plena, feliz, cuando estoy disfrutando mucho se me encoge un poquito el alma y le envío un abrazo de luz a las personas que justo en ese momento pueden estar sufriendo, por la razón que sea. Y de la misma manera, cuando me siento rota, angustiada, me doy cuenta de que hay vida nueva abriéndose camino justo en ese mismo instante, belleza que brota y florece, nuevas oportunidades, esperanzas, ilusiones…
La Vida es tan inmensa que lo abarca todo y todo coexiste a la vez, todo el tiempo, siempre.

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