Mal trato

May 10, 2019

Donde no me tratan bien, donde no me quieren bien, ahí yo no quiero estar.

Hay cosas que no me merezco y el mal trato es una de ellas.

Yo sé cuándo me siento mal tratada. Lo sé porque lo siento. Y no tiene por qué haber golpes de por medio, ni insultos siquiera. Me puede herir la mirada, la frialdad, la indiferencia, el desprecio en un comentario hiriente, en una palabra afilada, en una manera de estar cuando yo aparezco.

Entonces se me hace como un pellizco en el vientre, se me pinza el pecho por dentro, como si el corazón se me hiciese un poco más chiquito. Se me encoje el alma y la garganta se me cierra dejando un hueco más delgado por el que dejar pasar mis palabras. La voz se me vuelve queda, apagada, no se me escucha bien, tartamudeo. Me cuesta pensar qué decir y lo que digo me suena hueco. El latido se acelera, o se para, ya no sé, ya no lo escucho, se ha perdido…

Es el miedo. Miedo a que me hagan daño, a que me duela. Miedo a sentirme más y más invisible con cada mal gesto volviéndome borrosa al recibirlos, temblorosa, entre brumas, hacerme niebla, hasta que desaparezco.

Sé lo que es desaparecer. Irme de mí así tras el dolor del desprecio. Por eso ya no lo consiento. Puedes herirme una vez si me sorprendes despistada, confiada, inocente como aquella niña que fui y que llevo dentro. Y si pasa así, me tira del pelo un poquito, suave como ella es, y me dice «cuidado, así no«, y se me enciende una luz de alerta en mitad de la frente. La escucho, le hago caso y me retiro. Si puedo nombrar, lo nombro. Si el corazón me late demasiado rápido, asustado, pidiéndome cobijo, me aparto y le doy guarida. Mi corazón de oro, mi bebé interno.

NO. Ya no sostengo el mal trato, sea el que sea, aunque lo juzguen de leve, de broma, aunque lo disfracen de sinceridad, aunque me tachen de novelera, de melodramática. Me importa poco.

Ni padres, ni madres, ni jefes, ni amantes. Ni médicos, ni policías, ni amigas desairadas, ni supuestas maestras. NO.

Quien bien me quiere, me trata bien. Quien me trata mal, me quiere poco. Y a quien me quiere poco y mal, lo saco de mi vida o yo salgo de la suya.

Y así es como se ganan todas las batallas.

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